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martes, 22 de marzo de 2011

Juzgan este viernes en Palencia a tres traumatólogos por la muerte de una paciente por gangrena

La hija de la fallecida, vecina de Cabezón (Valladolid), presentó denuncia por entender que la muerte se produjo por una negligencia médica

   VALLADOLID,  (EUROPA PRESS) -  

   Tres traumatólogos del Hospital Río Carrión de Palencia serán juzgados este viernes en el Juzgado de lo Penal 1 de dicha capital en relación con el caso de una paciente, María Andrés García, de 82 años y vecina de Guardo, que falleció en 2006 por gangrena tras ser arrollada por una motocicleta.

   El Ministerio Fiscal y la acusación particular consideran que los hechos son constitutivos de un delito de homicidio por imprudencia profesional, si bien la primera de las acusaciones tan sólo responsabiliza de los hechos a dos traumatólogos, José María L.D. y Julio A.M. de A, y pide para ellos una pena de dos años de prisión, cuatro de inhabilitación especial y el pago de una indemnización de 60.000 euros a la familia de la afectada, de forma solidaria junto con las compañías AMA y Zurich, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

   La acusación particular, por su parte, incluye entre los imputados a un tercer traumatólogo, Fernando C.T, de forma que los tres profesionales compartirán el banquillo de los acusados.

   Los hechos se remontan al viernes 7 de julio de 2006 alrededor de las 18.00 horas cuando María Andrés García fue atropellada por una motocicleta en la localidad palentina de Guardo, motivo por el que tuvo que ser trasladada al citado hospital debido a sus heridas en frente, tibias, y en los codos tras la caída.

   En el Servicio de Urgencias del citado hospital se le practicaron varias radiografías y se le diagnosticó fractura cerrada de mesa tibial en extremidad inferior derecha, por lo que el traumatólogo de guardia, Fernando C.T, le colocó una férula para inmovilizar la pierna y le practicó una analítica preoperatoria.

   A partir de las primeras horas del día siguiente, estando de guardia en el Servicio de Traumatología el también imputado y médico especialista José María L.D, es cuando la paciente comenzó a sentir fuertes dolores en la pierna lesionada, motivo por el que se le adelantó en varias ocasiones la medicación analgésica, si bien como por la tarde persistía la situación el citado médico, ante las insistencias de la familia, pasó a visitar a la paciente, aunque sin siquiera llegar a entrar en la habitación, sin, por tanto, examinarla y sin que diera instrucciones precisas al personal sanitario.

   José María L.D. no volvió a interesarse por su paciente, hasta que se produjo su relevo hacia las 10.00 horas del día 9 de julio. A partir de ese momento, entró de guardia el también acusado y médico especialista Julio A.M. de A, que tampoco visitó a la anciana hasta que sobre las 14.00 horas, también por indicación de la familia, acudió a la habitación ante el empeoramiento del estado general de la ingresada

   Ante ello los familiares optaron por avisar a una amiga de la familia que trabajaba en el propio hospital para que subiera a verla cuando terminara su turno. El hecho de que la paciente tuviera los pies amarillos y fríos hizo pensar a su hija María Piedad, vecina de Valladollid, que se trataba de algo más grave de lo que le indicaban.

   Finalmente, ante este hecho, sobre las 23.00 horas la médico amiga de la familia retiró una parte de la escayola de una pierna para comprobar que había una ampolla de unos cinco centímetros, circunstancia que puso en conocimiento del personal sanitario y de Julio A.M. de A, que sobre las 02.30 horas del día 10 diagnosticó que la anciana tenía la pierna gangrenada y aconsejó la extirpación de la extremidad.

   Tras practicarle una fasciotomía, fue ingresada en la UCI donde los médicos que la atendieron dijeron que llegó demasiado tarde, sufrió un 'shock' séptico, gangrena gaseosa, fracaso multiorgánico y finalmente, el fallecimiento.

   A este desenlace, tal y como entienden las acusaciones, se llegó por la mala praxis y la falta de la más elemental cautela por parte de los acusados, quienes a pesar de los patentes signos de empeoramiento de su paciente no procedieron a examinar la extremidad lesionado, impidiendo con ello un diagnóstico precoz de la enfermedad que hubiera permitido la adopción de un tratamiento adecuado.



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